Pinacho: Vivir para Pintar

Para Rosendo Pérez Pinacho, pintor oriundo de Candelaria Loxicha, Pochutla, Oaxaca, quien a sus 36 años ha producido cuadros que recorren los centros de exhibición de importantes foros culturales de México y el extranjero, "arte es un proyecto de vida"

Este artista plástico se halla a la conquista de espectadores que se atrevan con él a analizar algunas preocupaciones del nuevo siglo, como la destrucción de la naturaleza, la desaparición de algunas especies animales y la deshumanización de los pueblos.

Pinacho, como firma en sus cuadros, nunca se propuso ser pintor, simplemente en la adolescencia descubrió su gusto por la poesía, así, los poemas que escribía iban acompañados por dibujos multicolores hechos a lápiz. La aceptación que manifestaron los destinatarios fu su aliciente para continuar el camino de los trazos y hacer de la pintura su forma de vida.

Motivado por conocer los fundamentos teóricos que complementarían su expresión plástica, en 1989 ingresa a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Oaxaca, quehacer que se ve interrumpido por distintas vicisitudes de índole económicas. Empero, el ímpetu de perfeccionar sus conocimientos prácticos a través de la técnica, lo pusieron de regreso en las aulas, amén del esfuerzo de sus padres, terminó por apartarse de la Academia; pues no halló en ella la experimentación que ansiaba. Fue entonces cuando, inspirado por la admiración que sentía- y conserva - por grandes autodidactas como Rufino Tamayo y Francisco Toledo, inició su búsqueda, independiente, de lenguajes plásticos propios, con el fin de crear un estilo que lo distinguiese.

Esta aventura trajo sus recompensas, pues en 1994 fue seleccionado para la exposición Primer Encuentro Internacional Johnny Walker en las Artes, que se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, desde entonces, además de presentaciones individuales, ha acumulado más de 50 colectivas en galerías y museos de México, Estados Unidos, Argentina y Japón.

Nuevos Trazos

La propuesta pictórica del oaxaqueño se ha calificado como transparente, pues encuentra en los lienzos, la raíz de sus origines y vivencias, a la vez de sostener y enriquecer su visión del mundo.

Este autor contemporáneo, plasma con orgullo la riqueza visual de su tierra y los orígenes de su cultura zapoteca en sus creaciones, pues en su hábitat aprendió a escuchar tocar y estar en contacto con la naturaleza. Los planteamientos gráficos que propone, plasman también sus sentimientos y emociones.

Cuadros que desbordan trazos fuertes de personas y animales empapados en colores intensas, asentadas sobre texturas arenosas arcillas y polvo de mármol, son los elementos que le ayudan a crear el mensaje que desea transmitir en sus obras.

El pintor ejecuta sus trabajos, primero, como una intervención personal de comunicación, para que una vez culminados, desafíen el ojo crítico de los expertos, quienes pueden opinar abiertamente sobre su pintura. Esto es como signo de apertura y autocrítica de donde aprenderá de las apreciaciones de los especialistas de arte, pues su propósito es mejorar permanentemente.

Para él, la fusión mística entre el pincel y lienzo se ha vuelto una necesidad, representa un soplo íntimo muy especial, el cual se prolonga al interior de su taller; aunque a veces traspasa esos muros en un intento por dar vida a la líneas, combinando técnicas y materiales y de esta forma vencer la rutina, las fórmulas y no caer en convencionalismos.

Detrás de una pintura

Una obra surge de las manos, la imaginación y los elementos que llegan a la mente procedentes del espíritu. Para Pinacho, un cuadro nace de las formas que le obsequia la naturaleza, del entorno donde vive, de un pensamiento o un instante contenido en su memoria; figuras que al final desaparecen de la escena, pues no fueron más que el pretexto para iniciar una quimera.

Una de las ambiciones del creador es el muralismo, expresión que desea desarrollar y la primera muestra de esta fuerza expresiva se hace presente en una obra montada en el Palacio Municipal de San Pablo Macuiltiangüis, Oaxaca, intitulada "Creencias y tradiciones". Pinacho espera que esta sea la punta del iceberg para hacer historia con sus despliegues plásticos en otros sitios públicos.

El futuro artista

Luego de una basta elaboración de pinturas de pequeño y mediano formato, el sueño del pincelista es continuar abriendo espacios de expresión en México y allende sus fronteras. Asegura que trabajará más en la experimentación y en temas relacionados con el comportamiento del mundo actual."Pienso que debo integrar mi entorno regional a un pensamiento más universal", menciona Pinacho.

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